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De recuerdos no se vive

La rivalidad entre León y América data ya de hace muchos años,  resaltando los encuentros en las semifinales de 1997, donde La Fiera remontó un marcador de 1-0 en la ida y culminó con un 3-1 en casa. Y ¿cómo olvidar la final del Apertura 2013?, en dicha serie los verdiblancos se consagraron campeones en el Coloso de Santa Úrsula con un marcador global de 5-1.

Para los aficionados esmeraldas los duelos en contra de los capitalinos son muy especiales, cada encuentro en el estadio Nou Camp luce un lleno a reventar.

Éste torneo tanto azulcremas como felinos tuvieron un andar muy parejo a lo largo de las 17 fechas, solo un par de unidades lograron separarlos uno del otro. La Fiera cosechó 30 unidades, por su parte, Las Águilas conquistaron 28 puntos de 51 posibles.

Pero las sensaciones que dejaron fueron muy distintas; al inicio el cuadro dirigido por Ignacio Ambriz despertaba mucha incertidumbre, y con el andar del campeonato lograron afianzar su juego en conjunto y la idea del técnico.

León inició como líder y se mantuvo así hasta la fecha 10, a pesar de las numerosas victorias como local, la percepción del equipo no era la mejor, ya que las escandalosas derrotas ante Jaguares, Querétaro y Monterrey encendieron los focos rojos de alerta.

En la fecha 12 se enfrentaron felinos y aves, el resultado fue un contundente 3-0 a favor del cuadro guanajuatense.

Pero la revancha llegó demasiado pronto y en los cuartos de final se volvieron a ver las caras. El desenlace fue un 5-3 favorable para el América. Pese a los fallos arbitrales en los dos juegos de la llave, la falta de ambición y el temor se apoderó del técnico esmeralda Juan Antonio Pizzi.

Y es que plantear la ida con 6 mediocampistas, ante la ausencia del campeón goleador Mauro Boselli, terminó en la crónica de una muerte anunciada. Los errores que aquejó León en los duelos de visita volvieron a la hora de la verdad. La falta de reacción por parte del técnico argentino-español y el mal momento que se vivía al interior del grupo por el regreso a la titularidad de William Yarbrough fueron claves en la derrota en el Estadio Azteca.

No hay que culpar al arbitraje, hay que culpar a la displicencia con la que jugó León en la ida, a la falta de coraje y ganas de triunfo del técnico, a la timidez con la que vive los encuentros y a la falta de carácter y capacidad de levantar un grupo.

De igual manera a los jugadores, que con conformismo jugaron a cuidar un 1-0 parcial, y la falta de contundencia en la llave. Los verdiblancos tenían en sus manos el pase a las semifinales, pero no contaban con la madurez e inteligencia del cuadro de Coapa.

Vivir de los recuerdos no sirve, es bonito recordar, pero es mejor vivir nuevas glorias, nuevas alegrías y eso es algo que le ha faltado a León en los últimos torneos.

Sonará a pronóstico o no, pero con Juan Antonio Pizzi y su falta de herramientas, no se logrará ningún éxito. Pensar que un torneo en el cuál empezaste de líder y terminaste 3ero circunstancialmente, el perder en casa contra un cuadro con problemas de descenso y jugando con la banca la Copa Mx, no calificar a la Libertadores como una obligación… es inaudito.

La mediocridad del estratega al declarar que ‘fue un gran torneo’ es una falacia; un equipo que tiene lleno su estadio cada 15 días tiene el derecho a exigir ser campeones o lograr cosas importantes cada torneo. Sin duda lo mejor de León éste torneo y como siempre, fue su afición.

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